Como el ave que vuelve a sentir la sensación de volar fuera de la jaula, así se siente el tomar más decisiones por sí mismo. La jaula es segura. El pájaro está protegido de los depredadores y no tiene un gran riesgo; también es cómoda porque el ave no tiene que ocuparse ni preocuparse por su alimento pues el dueño de la jaula se le provee. Sin embargo, si el «dueño» del pájaro deja la puerta de la jaula abierta lo más seguro es que el ave abandone la jaula y se vaya volando.
Muchas personas nos parecemos a esas aves, podemos volar pero estamos en jaulas, aunque con una gran diferencia, el pájaro jamás se encerraría por si mismo mientras que nosotros lo hacemos voluntariamente y por eso muchas veces no nos damos cuenta que nos hemos metido en una jaula y hemos cerrado y trancado la puerta.
¡Bueno…! hasta que sucede algo en la vida y ese algo, o quizás alguien, hace que la puerta de nuestra jaula se abra y nos damos cuenta que el lugar es seguro y cómodo pero que ha mermado sustancialmente en libertad, y además que no lo habíamos elegido voluntariamente, sino que en muchas ocasiones nos hemos dejado llevar por las circunstancias.
Las puertas de nuestra jaula se han abierto. Nosotros hemos decidido echar a volar y el vuelo nos lleva a Paraguay. Allí queremos construir un nuevo hogar con nuestras propias manos, como hacen muchos pájaros, sintiendo la libertad y seguramente con la adrenalina que produce saber que muchísimas más cosas dependerán solo de nosotros mismos.
